Te colocas detrás, y siento tus latidos en mi oído. Te extiendes, como la pólvora. Y explotan las palabras y me nubla el candor. Rompes las cadenas que nos oprimen y el camino arde. Caen mis barreras, tus sigilos y vuelta a casa. No lo puedo olvidar. Tu poder en mis caderas, y tu dulce dulzura que las hace temblar. Busco la manera, la manera de gritar, de escupir al aire que no lo puedo olvidar. De gritarte que el futuro es tuyo, o mío, o vete tú a saber si ese futuro llegará. Concentrémonos, quedémonos con tu risa. Mientras gritas, grito, ruedas, duermo y vuelta a empezar. Y lo noto, noto como te extiendes. Así, como la pólvora, sin más.

Por Rodrigo Reynolds.

 

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