Los polos opuestos, de naranja, y de limón.

 

Hace un rato hablaba con un amigo de lo diferente que es del chico que está conociendo actualmente y claro, mi ágil mente (que un viernes a ciertas horas es ágil pero poco original) recordó el típico dicho de “los polos opuestos se atraen”. Pero, como era de esperar de esa ágil mente, también he caído en que, supuestamente y según los expertos, necesitas tener en cosas en común con tu pareja para que la cosa funcione. Y, por consiguiente, mi pregunta es: ¿dónde está el punto intermedio entre ser polos opuestos y tener cosas en común? O bueno, replanteo la pregunta, ¿ambas cosas son compatibles? Es decir, si somos opuestos para atraernos, lo somos para todo. La otra opción es que haya una lista no escrita de aspectos donde nos pasemos la oposición por donde mejor se nos antoje. Vale, sí, muchos de vosotros pensaréis que desvarío, pero todo lo que estoy contando es cierto.

Pongamos un ejemplo: si nos ceñimos a la regla de que los polos opuestos se atraen entre ellos, una súper pija de las Rozas y un rastafari del 15M deberían atraerse de una manera exagerada, pero muy exagerada. Y, sinceramente, no me imagino a una chica de ese tipo con el ideario de Podemos en el Prada y bebiendo litronas en el parque. ¿Qué quiero decir con todo esto? Pues nada, la verdad. Porque las atracciones son ilógicas, y no vamos a pararnos a pensar de dónde viene el chico o la chica que me gusta, y si sigue o deja de seguir Juego de Tronos (mal ejemplo, seguro que algunos lo tienen en cuenta). Y sí, habrá personas totalmente diferentes que se entiendan a las mil maravillas, pero habrá otras tantas que se tiren de los pelos; pero habrá mucha gente cortada por el mismo patrón que lo haga también. Conclusión: haz lo que te  salga del toto.

polos

Por Rodrigo Reynolds.

 

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