Masoquismo sentimental.

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Voy a ser muy claro. Soy masoca. Sí, sí, como suena, con todas sus letras. ¿Qué cómo he llegado a esta conclusión? Pues muy sencillo, me he dado cuenta de que me paso la vida preocupándome por gente que pasa abiertamente de mí. Yo hablo sobre todo en el aspecto sentimental, pero esta teoría también es aplicable al terreno de las amistades. Y también a un sinfín de personas. Seamos todos sinceros (o al menos vamos a intentarlos), ¿cuántos de vosotros os pasáis los días pensando en ese chico o esa chica que ignora tus mensajes? Por esa persona cuyos sentimientos no son recíprocos a los tuyos. O pongamos otro casual, seguro que alguno de vosotros está continuamente rayado por algún amigo que demuestra que es de todo menos eso, un amigo. ¿Estoy en lo cierto? Apuesto a que sí. Pues a eso es a lo que voy, a que nos encanta complicarnos la vida. Nos encanta sufrir; nos pone. Y eso, amigos, se llama masoquismo.

Estoy convencido de que muchos dirán que soy un exagerado, y que lo que nos gusta un drama. Y, ¿sabéis lo que les digo? Que sí, que soy un exagerado y que no hay cosa que me guste más que un drama. Pero yo no lo veo como algo malo, ya que sufro, pues sufro en condiciones. ¡Qué coño! Acabemos ya con esas tonterías de que las penas de verdad se sufren en silencio. ¡Que son penas, no hemorroides! Así que si estoy jodido, lo digo y lo vuelvo a decir las veces que hagan falta. Hasta que se me pase, o hasta que alguien con la autoridad suficiente en mis asuntos me mande callar. Lo que pase primero.

¿Qué quiero decir con todo esto? Lo típico sería decir que ya va siendo hora de dejar de complicarnos la vida, pero no. Porque aunque te diga tal cosa, no va a servir de nada. Porque quien es masoca, es masoca hasta el último día. Y se de lo que hablo. Así que, amigos, seguid haciendo lo que os salga de dentro. Porque eso es lo que realmente importa en esta vida. Que te guste lo que hagas, aunque sea sufrir.

 

Por Rodrigo Reynolds.

 

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