Deberías volverte a marchar.

Y,esta vez, no volver.

¿Por qué?

Por muchas razones.

Porque mis fuegos ya no son cenizas.

Porque siempre, siempre,

tan profundo me miras.

Porque pierdo el aliento

cuando junto a mi precipicio caminas.

Y te hundes, y muero.

Pero renazco en cada gemido

que revienta mi tímpano.

Porque juegas, y me apuñalas.

Porque siempre, siempre,

lo haces a escondidas.

Tú me flagelas.

Yo ofrezco mi espalda.

Y hoy, te daría mi vida.

Porque siempre, siempre,

tan profundo me miras.

Por Rodrigo Reynolds.

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