Una mirada vale, siempre, más que mil palabras.

Cómo me gustaría. Sí. Cómo me gustaría volver a rendirme ante tus ojos verdes y que me atraparan para no dejarme salir de ti.
Los sigo buscando… por la calle, en el metro, en el parque e incluso en algunos amigos a los que les desearía que fueras tú. Que estuvieras conmigo en todas partes, que me acompañaras en el viaje. Siempre al lado, siempre firme.
Pero no encuentro esos ojos en ninguna parte, solo en sueños logro ver algo de ese color lorquiano, intenso. Recuerdo cuando, sin hablar, me decías ven. Bastaba con mirarme.
Hoy he cogido un espejo y me he mirado, porque de tanto pensarlo, soñé que tenía tus ojos. Dejé el espejo y me lavé la cara con agua bien fría: solo hallé negrura en mis ojos, aunque es cierto que brillaban.
Cómo me gustaría sucumbir de nuevo a tu mirada, siempre maliciosa, que me envenenaba sin necesidad de palabras. Quiero volver a ellos y perderme otra vez, porque en ese caos también había orden: verde.
Cómo me gustaría mirarlos por última vez para que mi memoria contenga hasta su último pigmento, para que ya no sean solo sueños. Para que de nuevo estemos ojo con ojo, verde con negro.

Por Hada Torrijos

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