Siempre digo que me voy,

y aunque lo repita en voz alta,

mi pecho está anclado a estas paredes.

Siempre te dije que me iría e

infinitamente grité que te odiaba.

 

Juré que un día ya no estaría, que

quemaría hasta nuestro último recuerdo.

¿Adónde han ido tus vanas palabras?

¿Qué fue de esa lealtad que prometías?

Tu rostro ya solo forma parte del ayer.

 

El celeste de tus ojos ya no eriza mi piel.

Ni serán tus pasos los que me digan ven.

Solo mira a tu alrededor, contempla

la oscuridad.

Eso es lo que yo siento cuando te vas.

 

La luna, mi eterna enemiga.

Tu mirada que me dice que ya basta.

Es el momento de empezar,

de sentirme mío una vez más y de

disfrutar de todo lo que la vida me da.

 

Elevo mis ojos al nuevo día.

Siento el nuevo calor recorrer mi cuerpo,

quemando el hastío del recuerdo.

Siempre digo que me voy:

Ave Fénix, arde y renace.

 

Por Rodrigo Reynolds & Hada Torrijos

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